26 de abril de 2008

LAS AVENTURAS DE SCRAT

¿Me regalas una sonrisa?



Así está mejor :-)

23 de abril de 2008

SANT JORDI

Tomás se baja del metro en Plaza Cataluña e intenta abrirse camino entre la muchedumbre que inunda la estación. Sube por las escaleras mecánicas de la salida que da a las Ramblas y allí se deja engullir por la avalancha de viandantes que disfrutan, un 23 de abril más, del encanto especial del día de Sant Jordi en Barcelona.

Se deja arrastrar por la marea humana, respirando el embriagador aroma a rosas que flota en el ambiente. Camina Ramblas abajo, entre la gente, parándose en algunos puestos, hojeando los libros que llaman su atención.

A su paso por la Boquería, decide cruzar y adentrarse en el mercado. Los variados colores de los puestos de frutas le reciben como un original arcoíris, y decide comprar allí mismo un zumo de frutas tropicales. Da un paseo por el mercado mientras sorbe el zumo a través de una pajita y sale de nuevo a la calle.

Retoma su paseo Ramblas abajo, caminando despacio y con dificultad entre la muchedumbre. Frente al Liceu, se para en otro de los puestos de libros, echando un vistazo hasta que ve uno que le gusta y decide comprarlo. Al girarse, una adolescente le dice: "¿Quieres una rosa para tu novia? Es para el viaje de fin de curso". Tomás sonríe melancólicamente a la chica, y se queda mirando las rosas que ella sostiene, hasta que una atrae su atención.

- Ésta -dice, señalando la elegida.

Tras el agradable paseo por las Ramblas, Tomás llega a los pies de la estatua de Colón y cruza la calle hasta llegar al puerto. Un grupo de turistas baja de una de las golondrinas que acaba de atracar en el puerto. Un par de críos se persiguen, jugando, y Tomás tiene que pararse en seco para no atropellarlos. Deja a un lado la pasarela de madera de teca que lleva al Maremágnum y camina por el parque contiguo, buscando un banco libre para sentarse. Sin embargo, todos se ven ocupados por grupos de amigos, ancianos, o parejas disfrutando del soleado día de primavera.

Se para junto a un banco donde, en un extremo, está sentada una chica sola, leyendo con interés un libro.

- Perdona, ¿te importa que me siente? Todos los demás bancos están ocupados.

Ella levanta la vista del libro y lo mira con aire despistado.

- Claro, siéntate, -asiente- hay sitio para los dos –dice, y vuelve a su lectura, disponiéndose a devorar las últimas páginas del libro estaba leyendo.

Tomás musita un "gracias" y se sienta en el banco. Coloca cuidadosamente la rosa que ha comprado sobre sus rodillas y coge el libro que acaba de comprar. Acercándolo un poco a su nariz, lo abre escuchando el leve crujido de las pastas nuevas, dejando que las páginas se separen unas de las otras y que el olor a libro nuevo le impregne la nariz. Busca la primera página y comienza a leer, abstrayéndose de todo lo que le rodea.

Al cabo de unos minutos, ella observa la rosa en las rodillas de él y, señalándola, dice:

- Has escogido bien. Mucha gente no sabe escogerlas, la mayoría de las veces las rosas están ya a punto de marchitarse o apenas han empezado a abrirse, pero ésta está en su esplendor. Es preciosa.
- Gracias. Tienes razón, es perfecta.
- A tu novia le encantará. ¿Has quedado aquí con ella?
- ¿Eh? No, no. No he quedado con nadie –Tomás baja la cabeza mientras la frase muere en un hilillo de voz.
- Oh, perdona, no quería ser indiscreta. Solo…
- No, no te preocupes. Siempre quedaba con ella aquí. Bajaba las Ramblas hasta que encontraba la mejor rosa, y aquí se la daba, pero este es el segundo Sant Jordi que paso solo.
- Lo siento, no quería incomodarte.
- No pasa nada.
- Y entonces, ¿por qué la has comprado?
- Porque era la rosa más bonita de las Ramblas –sonríe.- Y tú, ¿has quedado aquí para que te den tu rosa?
- No, no he quedado. Suelo venir a este parque a leer si hace buen tiempo.

Ambos se concentran de nuevo en su lectura y, tras unos minutos en silencio, él se gira al escuchar que ella cierra su libro de golpe. La observa: ella está sonriente, y se gira hacia él. Aunque no tiene la típica belleza que llama la atención a primera vista, se da cuenta de que es realmente guapa. Tiene el pelo negro y rizado, y lo lleva recogido con una goma, a modo de moño, dejando a la vista su nuca desnuda. Es muy morena y lleva unas gafitas de pasta que hacen juego con sus pendientes y un jersey ceñido de cuello de pico.

- ¿Has acabado tu libro? –le pregunta él.
- Sí –sonríe-. Es una sensación rara cuando acabas un libro que te gusta. Por un lado estás contenta, por otro te da pena haberlo acabado.
- Es verdad. Pero lo mejor es que esa sensación se repite con casi cada libro que lees, y todos te dejan algo nuevo.

Se quedan mirándose el uno al otro y, al cabo de unos segundos, ella dice:

- Bueno, he de irme.

Él carraspea y dice:

- ¿Puedo regalarte la rosa? –le pregunta, tendiéndosela, mientras se ruboriza.
- Oh, gracias. ¿De veras me la regalas?
- Sí, claro. Una chica tan guapa debería recibir una rosa el día de Sant Jordi.
- ¿Y qué te hace pensar que no me van a regalar una?
- Oh, perdona, pensaba que…
- Es broma, es broma –le interrumpe, riendo-. No esperaba ninguna rosa hoy.
- Entonces, toma.
- Gracias –responde ella con una sonrisa.- Pero entonces quiero que aceptes el libro que acabo de terminar –dice mientras rebusca en su bolso. Por fin encuentra un boli, escribe algo dentro del libro, se pone en pie repentinamente y le da el libro- Espero que te guste, ha sido agradable charlar contigo, pero ahora me tengo que ir.
- Gracias, dice él. ¿De verdad te tienes que ir? Espera, ¿cómo te llamas?

Pero cuando termina de preguntar, ella ya se ha alejado unos pasos. Camina graciosamente, moviendo la cintura. Y levantando un poco la voz, insiste:

- ¿No me vas a decir cómo te llamas?

Ella se para, se gira suavemente, le sonríe y sigue alejándose. Él se queda ensimismado, mirándola, sin entender nada. Baja la cabeza y se queda mirando el libro que ella le acaba de dar. “¿Quieres cenar conmigo?” es el título. Lo abre y lee “Bea” y un número de teléfono, escrito por ella solo unos segundos antes.

La busca con la mirada pero ya ha desaparecido entre la gente.

- Feliz Sant Jordi, Bea. Será un placer cenar contigo –susurra mientras sonríe.

21 de abril de 2008

INÉS

Inés revuelve en su bolso buscando el paquete de Kleenex. Por fin lo encuentra, saca un pañuelo y se limpia las lágrimas, negras por el rímel.

- Inés, cariño, no te lo tomes así, te lo dice de broma –dice Cristina mientras le acaricia con cariño el pelo.
- Jo, es que siempre está igual, siempre se pone a hacer bromas y no sé da cuenta de que llega un momento en que se pasa y hace daño.
- Sí, tienes razón, pero ya sabes cómo es. Siempre te hace rabiar y siempre te acabas enfadando.
- Lo sé, pero es que estoy harta, últimamente todo me sale mal –se queja Inés amargamente.
- Eso no es cierto. El otro día ligaste -le dice Cristina con un guiño.
- ¿Yo? ¡Ja! No sé con quién.
- ¿No te acuerdas de Carlos?
- ¿Tu amigo?
- El mismo. Le gustaste.
- ¿Yo? ¡Qué va, no creo! ¿Te ha dicho algo él? -pregunta Inés, intrigada.
- No, tía, pero le conozco, y cada vez que te miraba sonreía... de una forma especial.
- Que va, estás exagerando.
- Para nada. Y a ti también te gustó, te faltó tiempo para decir “¿es que no vas a presentarnos?” –se burla Cristina.
- De acuerdo –admite Inés ruborizándose-, hay que reconocer que es mono.

20 de abril de 2008

DÍA TONTO

Hoy tengo el día tonto. Como dice la canción de Pastora, “No puedo dejar de llorar, tengo el día tonto, de esos que por más que salte toco el suelo pronto”.

No, no estoy llorando, ni lo he hecho aun, pero creo que hoy no me costaría demasiado.

Aquí, en la ciudad donde vivo, hoy se ha levantado un día feo. Está gris y se supone que en algún momento del día lloverá, lo cual no es malo, porque hace falta.

Hoy es un día de esos en los que apetece quedarse en casa. Parece un día de esos de invierno en los que a pesar de ser pleno día, tienes que encender la luz de lo negro y oscuro que está todo fuera. De esos que hace frío y solo apetece sentarse en el sofá de casa y echarse la mantita del IKEA por encima.

Hoy apetece prepararse una taza de chocolate caliente y hacer una maratón de capítulos de Grey’s Anatomy y acabar hecho un mar de lágrimas. Hoy me apetece llorar. No porque me sienta triste, no porque esté mal. Sólo porque hay veces que apetece acurrucarse y llorar.

Hoy no me hagas mucho caso, hoy tengo el día tonto.

19 de abril de 2008

LA INMISCUSIÓN TERRUPTA

Porque hay veces que es mejor no meterse donde no te llaman...



17 de abril de 2008

DÍA DE LLUVIA

Hoy está haciendo un día extraño. Ha habido niebla y chirimiri, ha diluviado y estaba tan negro que parecía de noche, también ha granizado y luego ha salido el sol, como ahora, que se ha quedado un día precioso. Hacía mucho que no veía un día de lluvia así.

Hoy me apetece volver a tener 4 años y salir a la calle vestido para la lluvia para disfrutar de un día así. Quiero ponerme un chubasquero de colores y unas botas de agua. Quiero ir corriendo de un lado para otro con otros niños y pisar los charcos, saltar sobre ellos, chapotear, ponerme perdido, y reírme. Quiero quitarme la capucha y mojarme, sudar de tanto correr y que me salgan coloretes, y que mi madre me diga que no corra, que me abrigue, que voy a coger frío. Quiero que luego salga el sol y ver el arcoíris.

Después quiero llegar a casa, darme un baño calentito y tomarme un chocolate calentito. Quiero ponerme el pijama y que mi madre me meta la parte de arriba por dentro del pantalón, para que no se me salga por la noche. Quiero que me cuente un cuento, rezar el “Jesusito de mi vida, que eres niño como yo”. Quiero que me dé un beso, me arrope y me diga buenas noches. Quiero sentirme mimado.

Quiero quedarme dormido recordando lo bien que lo he pasado chapoteando en los charcos, sintiéndome feliz simplemente porque hoy ha llovido, he jugado, me he mojado y me lo he pasado bien.

16 de abril de 2008

TÚ NO LO SABES

Carlos se despierta. Está desorientado y no sabe dónde está. Abre los ojos y, con la ayuda de la escasa luz que entra en la estancia, intenta reconocer el lugar. No está en su casa. Escucha el sonido del agua corriente, probablemente de la ducha, aunque se oye lejano. Poco a poco va recuperando la consciencia. Está en la habitación del hotel y escucha el ruido de las otras habitaciones y de gente andando por los pasillos.

Se gira en la cama buscando el otro extremo de la cama, demasiado grande para una sola persona, y nota las frías sábanas en su cuerpo desnudo. Suspira y piensa que lleva demasiado tiempo durmiendo solo, demasiado tiempo sin los brazos de una mujer rodeándole por las noches.

Intenta recordar cuándo fue la última vez que despertó con una mujer a su lado, la última vez que los besos y las caricias le habían despertado. Hacía demasiado tiempo. Demasiado tiempo desde que ella le abandonó. Ella. La que tanto le quiso, la que tanto daño le hizo. Había habido otras mujeres, pero ninguna realmente importante, nadie que hubiera despertado a su lado por las mañanas, nadie desde que ella se fue. Carlos había sufrido mucho, pero de ese dolor ya solo quedaba una enorme cicatriz que probablemente lo acompañaría siempre. Por suerte ya solo era eso, una cicatriz.

Aun tumbado en la cama, Carlos la recuerda con una mezcla de nostalgia y alivio, y una pequeña sonrisa asoma en su rostro. Por fin una sonrisa, por fin siente alivio.

Finalmente se levanta, corre la cortina y deja que la luz bañe su cuerpo desnudo. Va hacia el baño, abre la ducha y se mete dentro. Deja que el agua que resbala por su cuerpo arrastre todos los malos recuerdos mientras los ves desaparecer por el desagüe... Por fin está limpio, por fin se siente puro y preparado para seguir con su vida.

Unas horas horas más tarde, Carlos está sentado en el avión que le lleva de vuelta a casa, sobrevolando algún lugar que no consigue reconocer. Mientras mira por la pequeña ventanilla del avión, Carlos de repente recuerda a Inés, la amiga de Cristina.

"Qué pena que no pueda conocerte, Inés, tu mirada y tu sonrisa me encantaron. Tú no lo sabes, pero me hiciste sonreír", piensa Carlos cerrando los ojos.