19 de abril de 2008

LA INMISCUSIÓN TERRUPTA

Porque hay veces que es mejor no meterse donde no te llaman...



17 de abril de 2008

DÍA DE LLUVIA

Hoy está haciendo un día extraño. Ha habido niebla y chirimiri, ha diluviado y estaba tan negro que parecía de noche, también ha granizado y luego ha salido el sol, como ahora, que se ha quedado un día precioso. Hacía mucho que no veía un día de lluvia así.

Hoy me apetece volver a tener 4 años y salir a la calle vestido para la lluvia para disfrutar de un día así. Quiero ponerme un chubasquero de colores y unas botas de agua. Quiero ir corriendo de un lado para otro con otros niños y pisar los charcos, saltar sobre ellos, chapotear, ponerme perdido, y reírme. Quiero quitarme la capucha y mojarme, sudar de tanto correr y que me salgan coloretes, y que mi madre me diga que no corra, que me abrigue, que voy a coger frío. Quiero que luego salga el sol y ver el arcoíris.

Después quiero llegar a casa, darme un baño calentito y tomarme un chocolate calentito. Quiero ponerme el pijama y que mi madre me meta la parte de arriba por dentro del pantalón, para que no se me salga por la noche. Quiero que me cuente un cuento, rezar el “Jesusito de mi vida, que eres niño como yo”. Quiero que me dé un beso, me arrope y me diga buenas noches. Quiero sentirme mimado.

Quiero quedarme dormido recordando lo bien que lo he pasado chapoteando en los charcos, sintiéndome feliz simplemente porque hoy ha llovido, he jugado, me he mojado y me lo he pasado bien.

16 de abril de 2008

TÚ NO LO SABES

Carlos se despierta. Está desorientado y no sabe dónde está. Abre los ojos y, con la ayuda de la escasa luz que entra en la estancia, intenta reconocer el lugar. No está en su casa. Escucha el sonido del agua corriente, probablemente de la ducha, aunque se oye lejano. Poco a poco va recuperando la consciencia. Está en la habitación del hotel y escucha el ruido de las otras habitaciones y de gente andando por los pasillos.

Se gira en la cama buscando el otro extremo de la cama, demasiado grande para una sola persona, y nota las frías sábanas en su cuerpo desnudo. Suspira y piensa que lleva demasiado tiempo durmiendo solo, demasiado tiempo sin los brazos de una mujer rodeándole por las noches.

Intenta recordar cuándo fue la última vez que despertó con una mujer a su lado, la última vez que los besos y las caricias le habían despertado. Hacía demasiado tiempo. Demasiado tiempo desde que ella le abandonó. Ella. La que tanto le quiso, la que tanto daño le hizo. Había habido otras mujeres, pero ninguna realmente importante, nadie que hubiera despertado a su lado por las mañanas, nadie desde que ella se fue. Carlos había sufrido mucho, pero de ese dolor ya solo quedaba una enorme cicatriz que probablemente lo acompañaría siempre. Por suerte ya solo era eso, una cicatriz.

Aun tumbado en la cama, Carlos la recuerda con una mezcla de nostalgia y alivio, y una pequeña sonrisa asoma en su rostro. Por fin una sonrisa, por fin siente alivio.

Finalmente se levanta, corre la cortina y deja que la luz bañe su cuerpo desnudo. Va hacia el baño, abre la ducha y se mete dentro. Deja que el agua que resbala por su cuerpo arrastre todos los malos recuerdos mientras los ves desaparecer por el desagüe... Por fin está limpio, por fin se siente puro y preparado para seguir con su vida.

Unas horas horas más tarde, Carlos está sentado en el avión que le lleva de vuelta a casa, sobrevolando algún lugar que no consigue reconocer. Mientras mira por la pequeña ventanilla del avión, Carlos de repente recuerda a Inés, la amiga de Cristina.

"Qué pena que no pueda conocerte, Inés, tu mirada y tu sonrisa me encantaron. Tú no lo sabes, pero me hiciste sonreír", piensa Carlos cerrando los ojos.

15 de abril de 2008

¡CHOF!

¡Chof! Algo ha caído al mar, y tras flotar unos segundos, comienza a desaparecer bajo el agua, despacio.

En un día gris y desapacible como hoy, en el muelle no hay nadie, nadie que haya visto u oído que algo, quizás alguien, caía al mar. Las redes de los pescadores están estiradas de forma ordenada, descansando del trabajo de toda la semana. La flota permanece amarrada en el puerto, hoy nadie saldrá a faenar. En el ambiente solo se escucha el sonido sordo del viento esparciendo aleatoria y desordenadamente las hojas secas, así como el repiqueteo desacompasado de las campanillas de los barcos de pesca.

Una bandada de gaviotas sobrevuela el puerto. Ellas sí han visto como un cuerpo caía al agua y se hundía lentamente bajo las frías aguas.

Miguel empieza a sentir frío. Siente como el frío y la humedad comienzan a recorrer todo su cuerpo, desde sus extremidades hasta lo más profundo de su ser, recorriendo, despacio, todo su sistema nervioso, y llevando esa sensación hasta su cerebro. Miguel cree que no le está pasando a él, lo vive como si le pasara a otra persona, como si solo fuera un mero espectador. Sin embargo, una pequeña señal de alarma se ha encendido en alguna parte de su cerebro. Una luz parpadea, una sirena suena lejana. Pero Miguel no ve ni escucha nada, porque no siente nada, sólo esa sensación agridulce que le dan el frío, la humedad y la paz que le rodea.

Piensa que está dormido, que ha tirado demasiado del nórdico y que solo siente el frío que le sube por los pies. No quiere moverse, porque le gusta esa sensación de paz, y el frío aun no es lo suficientemente intenso como para moverse y taparse bien.

Pero el frío es cada vez mayor, cada vez más incómodo. Entonces ve algo, un resplandor, una luz lejana, y escucha el sonido amortiguado de unas campanas.

Poco a poco empieza a tomar consciencia. El tañido de las campanas es cada vez más claro, aunque más lejano. Algo pasa. Intenta despertarse, pero no puede. No está dormido. ¡Está en peligro! Quiere abrir los ojos pero sus párpados no responden a las órdenes de su cerebro. Intenta respirar, pero tampoco puede. Se siente agarrotado, incapaz de mover un solo músculo, y una sensación de agobio e impotencia empieza a invadirle.

¿Dónde está? ¿Qué ha pasado? Hace solo un momento se sentía a salvo, y ahora está en peligro.

Entonces recuerda. Aunque la tarde no era agradable, había quedado con ella. Habían acordado verse en el Serrallo, el barrio de pescadores. Caminaba por el muelle, muy cerca del agua, quizá demasiado, cuando algo pasó y cayó al mar. Quizá fue un golpe de viento, o quizá un desvanecimiento, daba igual, algo había pasado y poco a poco desaparecía en las frías aguas.

¿Y si no conseguía moverse?

Pero Miguel sentía paz. Allí abajo hacía frío, estaba cada vez más oscuro, pero había cada vez más paz. Esa soledad y esa sensación le reconfortaba de algún modo. Y Miguel pensó en ella. ¿Y si no la veía más? ¿Le echaría de menos?

Miguel se hundía más y más, pensando si intentar nadar hacia la superficie o no...

13 de abril de 2008

YO TAMBIÉN TE QUIERO



10 de abril de 2008

DE EXPECTATIVAS Y DECEPCIONES

A veces las personas nos decepcionan. A veces son nuestros padres, otras nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestra familia o nuestra pareja. Supongo que es algo normal, pues todos somos humanos. Otras veces, somos nosotros los que decepcionamos a los demás.

En este sentido, reconozco que tengo un problema, porque soy una persona muy exigente, tanto conmigo mismo, como con los demás. Ser autoexigente no es malo, tú te puedes exigir lo que quieras, porque solo tienes que rendir cuentas ante ti mismo. Sin embargo, con los demás es diferente. Tú esperas algo de ellos, aunque no seas consciente de que lo estás siendo. Y a veces llega un momento en que te das cuenta de que ellos no cumplen tus expectativas, y entonces te decepcionas. Para mí es una sensación horrible y muy desagradable, una mezcla de frustración, impotencia y enfado. Enfado con ellos, enfado conmigo mismo.

En la situación contraria, es decir, cuando somos nosotros los que decepcionamos a los demás, a veces lo hacemos y ni siquiera somos conscientes de ello; incluso a veces nos lo pueden llegar a decir, directa o indirectamente, y aunque en ocasiones lo entendamos y nos demos cuenta de que no hemos estado a la altura, otras no somos capaces de entender qué hemos hecho mal (o dejado de hacer), y qué espera la otra persona de nosotros. Hay veces que es realmente frustrante y desesperante pensar “¿qué esperas de mí? ¿en qué me he equivocado?”

En la vida y, especialmente, en las relaciones con las personas, aprendemos de nuestras experiencias pasadas y en base a ellas actuamos de una forma u otra. Hay veces que es realmente fácil, y que por muy difícil que sea una persona, de algún modo prevés sus movimientos y consigues anticiparte a ellos, como si de una partida de ajedrez se tratara. Sin embargo, con determinadas personas por más que las conozcas, chocas una y otra vez en el mismo punto, y cometes los mismos errores. Y desgraciadamente, no eres capaz de rectificarlo o de anticiparte a la situación extrema en la que acabas discutiendo y enfadándote. Y es una pena, porque siempre acaba habiendo daño, en ambas partes, y cada vez que hay daño queda una cicatriz, un pequeño o gran recuerdo de lo que dolió, algo que no se borra con el tiempo.

Y pasa lo mismo cuando son los demás los que nos decepcionan, los que no cumplen nuestras expectativas. Confías siempre en que la próxima vez estarán a la altura, y en ocasiones es cierto, pero otras veces no. Y acaban decepcionándote una y otra vez hasta que te sientes impotente y frustrado, y esas personas que te decepcionan van perdiendo el crédito poco a poco hasta que… bueno, eso ya depende de la paciencia y el aguante de cada uno, y del cariño que tengas por esa persona.

A veces me gustaría tener un manual de usuario al que poder acudir para saber cómo tratar a algunas personas, porque realmente es frustrante intentar hacerlo lo mejor que sabes y conseguir lo contrario a lo que buscabas.

9 de abril de 2008

DON DE LENGUAS

Vivimos en un país tercermundista en lo que a hablar otros idiomas se refiere. Es una pena, pero así es.

Es cierto que hablamos una lengua, el español, que es la segunda más hablada en el mundo por detrás del chino mandarín, hablada por un total de 500 millones de personas (entre 322 y 400 millones de personas como lengua nativa, según distintas fuentes). También es cierto que el inglés tiene menos hablantes nativos (poco más de 300 millones de personas), pero en cambio, hablan inglés 1.500 millones de personas, si sumamos los que lo tienen como segunda lengua.

¿Por qué hablamos tan mal inglés en este país? De nada sirve poner excusas, como que los ingleses tampoco se molestan en aprender otra lengua.

Yo considero que tengo un buen nivel de inglés. No soy bilingüe, desgraciadamente, pero soy capaz de mantener una conversación sin problemas. No obstante, me gustaría hablarlo mejor, y trato de mejorarlo.

Sin embargo creo que hay mucha gente a la que realmente le da igual no hablar inglés u otros idiomas. Simplemente se excusan diciendo que es muy difícil, que han estudiado durante mucho tiempo y que no consiguen progresar... y puede que en cierto modo tengan razón, porque la educación en idiomas en España es de lo peor.

Recuerdo la primera vez que salí de España y pude utilizar mi inglés. Yo iba todo ilusionado porque iba a poder hablar en inglés. Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que lo que yo hablaba no se parecía demasiado a lo que hablaban ellos. Supongo que cualquiera, en sus primeras experiencias de conversaciones en inglés con gente nativa se habrá dado cuenta de lo mismo, que el inglés que nos enseñaron en el colegio no tiene nada que ver con el inglés que hablan ellos.

Para colmo, parece que si haces el esfuerzo de pronunciar las palabras como se deben pronunciar hay gente que te mira como su fueras un bicho raro y pedante. La mayoría de la gente simplemente habla inglés con su acento español y con los fonemas de nuestra lengua, sin tratar siquiera de hacer el esfuerzo de pronunciarlo correctamente.

Otro problema añadido, desde mi punto de vista, es el tema del doblaje. Un problema antiguo pero que parece no preocuparle a nadie. Franco decidió que el tren en España tuviera un ancho de vía diferente para que no nos invadieran por tren (¡manda huevos!). Del mismo modo decidió que las películas se doblaran al español, en lugar de subtitularlas, para proteger el español, ¡no fuera a desaparecer! Una cacicada que aun hoy, perdura.

Para mí, esto es lo que nos diferencia con otros países como Holanda o Portugal, que emiten las películas en versión original subtitulada. Es una forma fácil de educar el oído a una fonética que no es la propia y de aprender poco a poco. Además, en las versiones dobladas se pierden las voces originales, que son parte de los personajes. Pero no, aquí tenemos que defender nuestros idiomas, que parece ser, están en peligro, al menos alguno.

Hace un par de días leí en el periódico que la última película de Woody Allen, rodada en Barcelona, sólo se podrá ver en Cataluña en V.O.S.E. o doblada al catalán. Que se vea en versión original me parece una idea excelente; ahora, eso de que se doble SOLO al catalán, intuyo que con la subvención de la Generalitat, es decir, con dinero de todos, no me parece tan bien.

Siempre están con que hay que proteger el catalán, que está en "peligro", que es una lengua minoritaria y que si no se protege, desaparecerá. ¿Acaso el holandés se habla en todo el mundo? No, y obviamente no está en peligro ni va a desaparecer, las películas no se doblan al holandés y los holandeses hablan perfectamente inglés. En Cataluña la gente habla lo que le da la gana, cada uno es libre de elegir la lengua en la que se sienta más cómodo, y en mi modesta opinión, ninguna lengua está en peligro.

Somos un país con una increíble riqueza lingüística: tenemos 4 lenguas oficiales y en lugar de utilizarlo como motivo de orgullo y nexo de unión entre todos, lo utilizamos como hecho diferencial. En lugar de promover que cada españolito conozca todas nuestras lenguas oficiales, las utilizan políticamente para enfrentar a la gente.

Hace poco ha habido elecciones y se hablaba de educación y de mejorar la enseñanza de idiomas, pero nadie sugiere dejar de doblar paulatinamente películas y series de televisión y emitirlas simplemente subtituladas. Tampoco nadie propone enseñar en cualquier lugar de España catalán, gallego o euskara. ¿Para qué? Supongo que estas ideas no son políticamente correctas.

Una pena, pues seguiremos siendo un país con muchas lenguas oficiales pero sin don de lenguas.